jueves, 10 de julio de 2014

Johnny para la revista Deep (2014)

John Christopher Depp nació en Kentucky y se crió en Florida, donde desarrolló un prematuro interés por la música, la cual sigue siendo su pasión. Muchos de sus mejores amigos son músicos, y él mismo es un talentoso guitarrista. Su banda, de nombre Kids, tuvo cierto éxito a principios de los ochenta e hizo que Depp se mudara a Los Ángeles. Una vez que la banda se desintegró, Depp quiso probar suerte como actor. Él ha demostrado ser uno de los actores más versátiles y populares de su generación. Ha trabajado varias veces con Tim Burton en cintas como Charlie y la fábrica de chocolate, Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, Alice in Wonderland y Dark Shadows. Es un actor exitoso que ha ganado millones de fans en el trayecto al interpretar al capitán Jack Sparrow en las cuatro cintas de Piratas del Caribe, así como al participar en las películas Edward Scissorhands, Ed Wood (ambas con Tim Burton), Chocolat, Blow, The Libertine, Public Enemies, Finding Neverland, The Rum Diary y The Lone Ranger.
En esta ocasión es el protagonista de Transcendence, un thriller de ciencia ficción ubicado en un futuro no muy distante en el que Depp interpreta al Dr. Will Caster, un brillante científico pionero a punto de hacer el descubrimiento más importante en el plano de la inteligencia artificial. “Una de las razones por las que quise involucrarme en la película, además de mi relación con Wally y el tema, fue que tenía la oportunidad de recordar cuando conocí a Morgan Freeman, hace unos diez años. Nos miramos y dijimos: ‘Aún no trabajamos juntos, deberíamos hacerlo’. De modo que cuando me uní al proyecto y escuché que Morgan también participaría, dije: ‘Aquí vamos, ¡perfecto! ¡No podría ser mejor! Siempre he querido trabajar con Morgan, es una de las personas más geniales, espirituales y brillantes’.”
En la cinta, los descubrimientos y controvertidos experimentos del personaje que interpreta Depp lo han vuelto famoso, pero también lo han convertido en el blanco de extremistas antitecnología que creen que deben detenerlo antes de que consiga su objetivo final: crear una máquina dotada de sentidos que reúna la inteligencia colectiva de todo lo conocido, con una mente humana, llamada transcendencia.
Caster ha dedicado toda su vida a la construcción de una computadora conocida como Red Neural, físicamente independiente (PINN, por sus siglas en inglés) y diseñada para procesar el conocimiento colectivo de la historia con la finalidad de mezclarlo con una mente consciente precargada, incluyendo sus emociones.
Wally Pfister y su elenco contaron con la asesoría de científicos mientras hacían labores de investigación para sus personajes. Depp comenta que los avances tecnológicos que aparecen en la cinta, en los que el hombre y las máquinas se mezclan y crean un efecto devastador, sucederán pronto. “No son muy lejanos. De hecho es en gran medida el presente. Lo que proponemos y hacemos en la cinta ya existen y han existido durante un tiempo”, señala. “Cada estudiante del MIT, cada uno de los magos de la tecnología con los que hemos hablado concuerdan en que la tecnología no es tan remota. Es asombrosa y plantea una infinidad de preguntas interesantes. De eso trata la película.”
Un sombrío grupo extremista conocido como Independencia Revolucionaria de la Tecnología (RIFT, por sus siglas en inglés) hace un intento de asesinar a Caster, y casi lo logra al dispararle a sangre fría. Mientras se aferra a la vida, le pide a su esposa Evelyn (Rebecca Hall) y a su amigo el Dr. Max Waters (Paul Bettany) que pongan en práctica la teoría y precarguen su propia conciencia en la PINN para, así, alcanzar la transcendencia. Para Evelyn, eso significa salvar la vida (o al menos la mente y el alma) del hombre que ama; pero con la conciencia de Caster ligada a la PINN, su hambre de conocimiento evoluciona hasta convertirse en algo siniestro y terroríficamente poderoso.
La cinta plantea preguntas acerca de la moral, como, ¿qué tan lejos debemos ir para salvar a alguien que amamos? Y en un mundo donde la tecnología avanza tan rápidamente, es seguro que Transcendence dejará pensando al espectador, o al menos creará un debate alrededor de esto. “La gente tiende a temer a aquello que no conoce y a lo que es diferente, y mientras unos ven las cosas como algo positivo para el futuro de la humanidad, también pueden ver los cambios como algo muy negativo o destructivo”, comenta Depp.


 Deep: ¿Qué fue lo que te llamó la atención de Transcendence?

Johnny Depp: Es un tema bastante emocionante en general. Existen varias cosas que van de la mano con la fascinación, tal como ocurre en el efecto dominó. El deslumbramiento con la idea de la tecnología y de lo que somos capaces de hacer, lo asombroso que es que el hombre haya llevado a la tecnología tan lejos, y, a su vez, cómo la tecnología ha llevado al hombre tan lejos, además de aquello de lo que somos capaces a través de la ciencia y la tecnología más avanzada. Así que tenemos esto y su contraparte, las personas, de las cuales nueve de cada diez está informada gracias a los medios de comunicación y a la inmediatez de éstos. Hoy en día tenemos el poder de convertirnos en nuestro propio dios, de alguna forma, si lo tuerces de ese modo (risas). Y de eso se trata. Eso fue lo que me llamó la atención de este proyecto, y espero que suceda lo mismo con los espectadores.

D: ¿La cinta cambió en algo tu opinión?

J.D.: Al considerar la velocidad a la que avanza la tecnología, en definitiva hay cuestiones que debemos tomar en cuenta, como a qué entidad está conectado este tipo de tecnología y de qué clase de poder se trata, y si esta persona o entidad está en la posición de hacer lo que le plazca, porque de ser así estaríamos creando a un dios. Estás fabricando a un dios que puedes controlar. Lo abarca todo y… ¿qué hay del tipo que controla esa caja, esa máquina, esa PINN, esa computadora, qué efecto tiene el poder en él? ¿Qué efecto tiene el poder en cualquiera de nosotros? ¿Nos sobrepasa? ¿Nos sentimos enfermos de poder? ¿Llena algo en nosotros? ¿Hay acaso una pequeña célula dentro de nosotros esperando surgir una vez que tenemos esa confianza o habilidad? ¿Ese algo se despierta y dice: “p#&* ma… puedes hacer lo que sea”? O dice: “Bueno, actuaré con responsabilidad aquí”. Está en nuestra mente. El viaje de poder, el viaje de dios, es probable que enfrentes ese reto.

D: ¿Crees que actualmente exista alguien en el mundo que pueda actuar razonablemente al tener ese poder?

J.D.: Ése es el asunto, históricamente, nadie lo ha hecho (risas). Nadie lo ha hecho porque vivimos peleando por ver qué dios es el mejor y el más fuerte. “Ah, ¿le faltas el respeto a mi dios? ¡Pues jódete!”

D: La cinta también plantea la pregunta de qué tan lejos llegarías por salvar la vida de un ser querido. Y ésa es una pregunta con la que todos nos sentimos identificados, ¿cierto?

J.D.: En la película se nos pregunta: “¿Qué tan lejos irías tú?”. Y casi siempre cada uno de nosotros responderá: “Hasta el jodido final”. Si hubiera algo disponible para salvar la vida de alguien, ¿romperíamos la ley para hacernos de esa tecnología, de forma ilegal, y salvar así la vida de un hijo? La respuesta es la siguiente: “Por supuesto que lo haríamos”.
D: ¿Consideras que estás actualizado en cuanto a tecnología?
J.D.: Estoy muy atrasado. Leí toneladas de información mientras preparaba Transcendence y he leído varias cosas de profesores y académicos de varios colegios, información muy loca que pudieron establecer en términos legos para que la pudiera entender. Sin embargo, tengo problemas para encender el amplificador de mi guitarra, y el teléfono, ¡olvídate! El teléfono es un misterio total.

D: Entonces, ¿te resistes a la tecnología?

J.D.: No sé, todos estamos obligados a usar la computadora al menos unas horas al día pero, por ejemplo, a mí todavía me gustan los libros. Me gusta sentir el libro, tocar el papel. Y el camino que ha tomado el cine… las cintas en 35 mm casi desaparecieron, ahora todo es digital tanto en el cine como en la música. Con los libros llegará a suceder pronto que nos preguntemos: “¿Qué es eso? Unas cajitas con papel adentro, ¡qué idea tan estúpida!”. Puedes descargar Moby Dick en tres segundos (ríe) ¡Es una locura! ¡Me declaro culpable! Cuando estás haciendo investigación de algunas películas, te haces de unos quince libros. Luego llega alguien con un Kindle mientras te dice: “Toma, descargué unos libros para ti”. Y tú respondes: “Muy bien”. Igual que un niño con su osito Teddy, yo todavía tengo que cargar con algunos libros. Quizás un T.S. Eliot de bolsillo o algo. No me siento bien si no lo tengo cerca.

D: ¿Y qué tal fue tu desempeño en esta cinta? Porque pasas la mayor parte del tiempo siendo una imagen en una pantalla.

J.D.: Fue un reto bastante interesante. Yo estaba en otra área, lejos de Paul (Bettany) y de Rebecca (Hall) cuando hacían sus escenas. Yo me encontraba en una habitación oscura con una videocámara, hablándole a la lente, pero dirigiéndome a Paul y a Rebecca. Jamás lo había hecho. Creo que aislarme fue una gran idea de Wally (Pfister). Me tenía en una habitación oscura con un foco y una cámara, así que mi trabajo fue prácticamente en esa habitación, mirando la lente de la cámara, hablando con Morgan (Freeman), con Rebecca, con Cole (Hauser).

D: ¿Crees que esa desconexión fue útil?

J.D.: Creo que sí, el aislamiento ayudó bastante, no necesariamente en el plano emocional o psicológico sino en lo que respecta a la forma en la que uno le habla a alguien a través de una pantalla. Es un animal completamente distinto, se trata de un mundo diferente.

D: ¿Qué tal resultó Wally en su debut como director, disfrutaste trabajar con él?

J.D.: ¿Sabes qué? Tiene tanta experiencia en el mundo del cine, que posee un gran cúmulo de conocimientos. Llegó el primer día, ondeando las pistolas como todo un ganador, feliz y dispuesto. Tenía una espléndida actitud en el set y sabía exactamente lo que quería. Era genial. Jamás me habría dado cuenta de que se trataba de su primera vez como director. Siempre estuvo por encima de todos los niveles subterráneos de la escena. Cuando llegaba, había hecho su tarea, estaba listo para empezar temprano. Estar ahí fue grandioso y emocionante.

D: ¿Qué tal fue trabajar con el resto del elenco?

J.D.: Bettany es una de las personas más increíbles del mundo. Y también es uno de los más inteligentes y simpáticos que conozco. Wally y yo hablamos de ese personaje, y me parece que no hay nadie más interesante que él para interpretarlo. Luego, Rebecca Hall llegó con un montón de opciones interesantes y una sonrisa confiada. Era una persona muy amable con todos y era agradable estar cerca de ella. Se trató de un buen elenco y no es algo que suceda con frecuencia, ríe. Me divertí muchísimo con Rebecca y Paul y, de hecho, una de las razones por las que quise involucrarme en el proyecto, además de mi relación con Wally y el tema de la película, fue que tenía la oportunidad de recordar cuando conocí a Morgan Freeman, hace unos diez años. Siempre había querido trabajar con Morgan, es muy sabio. Es una leyenda. Haber trabajado con él es una de esas experiencias que me acompañará de por vida.

D: ¿Te gustaría vivir eternamente?

J.D.: Creo que no me gustaría. Si se les ocurre alguna manera de viajar en el tiempo, cuenten conmigo, porque me gustaría regresar a la década de los veinte y dar la vuelta por París, o quizás a principios de 1800 para seguir a Poe de un lado a otro. Si tuvieran esa tecnología estaría genial y definitivamente querría participar, pero vida eterna, no gracias (risas). No tengo problemas con estirar la pata.

D: ¿Crees que es romántico pensar en la naturaleza finita de la vida?

J.D.: Exacto. Es por eso que siempre somos mejores cuando nos tienen acorralados, sacan lo mejor de nosotros. Nuestro trabajo es mejor porque todo surgió en medio de la presión y lo superamos. Creo que eso mismo sucede con la vida. El poder apreciar a diario y cada día pensar: “Soy muy afortunado, estoy leyendo. Todo está bien, todos están bien”. De verdad pienso que todos los días son un gran regalo. Hay cierta simetría, cierta poesía en ser finitos.

D: ¿Aún disfrutas el trabajo?

J.D.: Me encanta el proceso, de verdad: darle vida a un personaje, que se te ocurran cosas y las puedas incorporar a tu personaje. El proceso es maravilloso, es lo demás. Y siempre será un poco extraño. Que te observen, me imagino, que te sigan (risas). Creo que estoy llegando a un punto en el que pronto querré dar una caminata de unos cuantos años, para organizar mis ideas, supongo, y para darme el tiempo de averiguar de qué se trata, porque no lo he hecho en muchos años. No sé, he pensado: “Quizá debería retirarme (y quizá sí debería), pero hay un par de películas que quiero hacer todavía”. La última que hice representó una de las mejores experiencias que he tenido. Se llama Mortdecai y la hice con David Koepp. Fue un libro que me fascinó y que tuve muchas ganas de convertir en película y rendirle homenaje a tan buena historia. Y pudimos hacerlo después de ocho años. El nombre del autor es Kyril Bonfiglioli. Uno de los libros lleva el título La trilogía Mortdecai, y el otro es El gran misterio del bigote de Mortdecai. Si pudieras compararlo con algo es como si fuese P.G. Wodehouse en un viaje de ácido (risas), o al menos muy borracho.

D: ¿Y tu documental de Keith Richards?

J.D.: Estoy esperando el momento apropiado para sacarlo. Quiero encontrarle casa como se debe y cuidarlo como lo he hecho estos años.

Esta entrevista fue publicada en el sitio web de la revista DEEP

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